E N C I E R R O

Manifestació dones motor iberica - Pilar Aymerich

*Foto: Pilar Aymerich

El 1 de junio de 1976, tras el despido de 1800 trabajadores de la fábrica Motor-Ibérica, las compañeras de algunos de ellos, alrededor de doscientas, se encerraron con sus hijos en la iglesia del Palomar, conocida por su talante antifranquista, en el barrio de Sant Andreu, para reclamar la readmisión de sus maridos.

Durante parte del encierro, y en las manifestaciones, muchas mujeres llevaban las chaquetas del uniforme azul de trabajo de sus compañeros. Así, aunque esta huelga estaba apoyada por sindicatos y se realizó, además, con la ayuda de la Iglesia, la citamos en nuestra recopilación de huelgas salvajas porque el sujeto político aquí ha cambiado: las mujeres, a menudo con sus hijos, se convierten en protagonistas activas de la reivindicación, y lo remarcan a través del uso de esta prenda de trabajo. En muchos casos, incluso, se mantienen contrarias ante los deseos de sus maridos de volver al trabajo, como Pura, cuando su compañero le comenta que ha recibido una carta para reincorporarse al trabajo:

“Podrás ganar un puesto de trabajo, pero perderás a una mujer”

MANIFESTACIO DE LES DONES DELS TREBALLADORS DE MOTOR IBERICA EN VAGA
Foto: Manel Armengol
MANIFESTACIO DE LES DONES DELS TREBALLADORS DE MOTOR IBERICA EN VAGA
Foto: Manel Armengol
MANIFESTACIO DE LES DONES DELS TREBALLADORS DE MOTOR IBERICA EN VAGA
Foto: Manel Armengol

Con ello, y más allá de las demandas para la readmisión de los trabajadores despedidos, se reconocen y muestran como sujetos activos de lucha y, también, como trabajadoras de cuidados, pues el encierro les obliga a una cierta “huelga de cuidados”, que en algunos casos lleva a presiones por parte de sus maridos para que vuelvan a casa:

“Mi marido vino ayer a buscarme, dijo que yo no podía faltar más de casa que eso es un desastre, mi respuesta fue ‘no’, quiero seguir hasta el final. Se fue. Dos horas más tarde él mismo lo comprendió y volvió”

Otra de ellas declara:

“yo ya estaba preparada y tenía mi bolsa de aseo y una chaquetilla azul de la empresa. (…) Entonces llegó mi marido y dijo: ‘Venga, prepárame la cena, que me tengo que ir.’ Yo dije: ‘Bueno, majo, prepáratela tú, porque yo salgo ahora mismo, o sea, yo tengo cita con mis compañeras y me tengo que ir al encierro’ “

Maruja declara:

“Incluso a una señora el marido le quitó los niños para presionarla, pero la señora no se fue, e incluso la quiso acusar de abandono del hogar, pero la firmeza de la mujer hizo retroceder al marido”

Tancada motor iberica sagristia

Durante el encierro, llevan a cabo un proceso de auto-organización y empoderamiento, asambleario y organizado en comisiones: para cocinar (en la sacristía), con los alimentos que reciben de gente y tiendas del barrio; para la limpieza, la sanidad, el control de la puerta, la prensa y el cuidado de los niños. Pero no sólo se dedican a la organización de las tareas necesarias para la convivencia, sino que también organizan charlas con ginecólogos sobre control de natalidad, sobre enfermedades, política…

Esta huelga de mujeres salvajas termina, tras 28 días, con un violento desalojo por parte de la policía.

La información de este texto proviene del artículo de Jordi Rabassa “La tancada de Motor Ibérica des dels mitjans de comunicació de l’època”, de su entrevista a María Isabel Roig y de la entrevista a Ignasi Pujades realizada por Miguel Royo.

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